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En la provincia de Buenos Aires, Argentina, entre el 1986 y 1990, trabajé en la implementación de un programa de prometedor calado social, el Plan Protierra, basado en la reubicación de familias de bajos, (casi nulos) recursos económicos, que habitaban de modo ilegal y de manera precaria y hacinada parcelas de terreno de propiedad de privados o del estado.
Este programa, entre otros desarrollados en la misma ciudad, fue dirigido a aproximadamente 7000 familias repartidas entre 70 barrios de similares características y acogió el desplazamiento desde otras provincias, de gente en busca de trabajo, como ocurre en la mayoría de los movimientos migratorios, pero particularmente familias empujadas a fuerza de desalojos violentos desde barrios pobrísimos de la Capital Federal como “villa 31”

La presión social que generó la masiva migración interna, estimulada por el fin de una dictadura militar llevo a la “invención” urgente y por lo tanto poco estudiada de éste programa que permitiría a las familias hacerse de la escritura del suelo que ocupara, a cambio de una pequeña cuota mensual (equivalentes al precio de a 5 kg de pan) a lo largo de 20 años.

Transcribo parte de la entrevista de Hugo Daniel Álvarez a Oscar B., asesor de gobierno:

“Asumimos el 10 de diciembre de 1987 y los primeros días del 88 comienzan las ocupaciones de tierras en forma compulsiva. Nos llamó Cafiero (Gobernador provincial) preocupado. ‘¿Qué hacemos, me dice?’ Cuando íbamos subiendo las escaleras de la Casa de Gobierno, leo el título de uno de los cuadros algo así como ‘proterre’ y pensé... ¡ése es el nombre! De ahí salió el nombre del programa Pro-Tierra. Continúa, [...] este es el momento, le dije [se refiere al gobernador], la otra es la policía. Tenemos propuesta, programa y la gente lo votó. Hagamos un lanzamiento del Programa con toda la publicidad para parar las ocupaciones.(…) Cafiero me dice: ‘¡prepáreme el decreto Benvenuto y listo!’ ”.
“¿Qué ponerle? Bueno pedí auxilio, conseguí algunos modelos y lo redacté. Recuerdo que tiene unos considerandos muy políticos y luego un anexo más flojo. Había que poner toda la carne al asador. Se pararon las ocupaciones. Perón decía [refiere Benvenuto] ‘los
pobres se comportan como los gatos, no los acorrales, porque entonces el gato se vuelve tigre’.

www.ides.org.ar

Aquella pequeña parcela, escriturada, ubicada por lo general en la periferia de la periferia, alejada de los centros de trajo, con promesas de escuelas por llegar, casi siempre sin servicios mínimos, sería la

encargada de generar en las familias acogidas al plan, un sentimiento de “apego al suelo propio“, y con ello, un cambio de actitud personal, donde la falta de horizonte sería reemplazada por la sensación de seguridad y autoestima suficiente, en la que las personas se pudieran apoyar para lograr la autosuperación individual y romper así las barreras de acceso a la cultura .

A 21 años de distancia encuentro en la web estudios rigurosos que intentan dar luz sobre estos programas y no llegan a conclusiones que ilustren aquellos anhelos, fotografías de los barrios detenidos en el tiempo y el siguiente y revelador comentario de un abogado en un foro de consultas entre colegas :

“Lun, 22 Feb 2010, 21:13
se me presento un caso en el cual una señora tiene un contrato adjudicado por el plan pro tierra a su favor por 3500 pesos a pagar 199 cuotas de 15 pesos cada una, resulta que ahora quiere vender su casa y la compradora esta dispuesta a pagar una parte en efectivo otra en cuotas y seguir con el plan pro tierra, llamé a la subsecretaría de La Plata y me dijeron que esos boletos (contratos privados) no se pueden ceder, se dan de baja y se adjudicaría a nombre de otra persona, (…) ahora bien con el resto de la venta, o sea la casa no puedo hacer un contrato porque esta señora no es dueña de nada (…) “

www.portaldeabogados.com.ar

Para cerrar este relato de gentrificación circular enmarcada en multiples planes de Estado de dudoso origen e incierto destino, comparto esta breve cita sobre un texto de Alberto Santamaría que llamó mi atención y me hizo reflexionar sobre la actitud de personas que valiéndose de su acceso a la cultura y gracias a ella al poder, inventan modelos de ocasión:

Sobre lo expuesto por Jacques Rànciere en Sobre políticas estéticas: “Los explotados no suelen necesitar que les expliquen las leyes de explotación. Porque no es la incomprensibilidad del estado de cosas existente lo que alimenta la sumisión, sino la ausencia del sentimiento positivo de una capacidad de transformación”.
De esta forma, suponer que los trabajadores por leer una novela en la que se les retrate van a transformar su sentimiento hacia la explotación es excesivo, o excesivamente utópico (cuando no ridículo).

www.albertosantamaria.blogspot.com

Cuadernos de Clapso | Mejoramiento Habitacional y Desarrollo de Capacidades en un Barrio del Conurbano Bonaerense |Julio 2006
Gabriela Dodero
 
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