p
fac    |  Colaboraciones: hand[a]lefthandrotation.com
 

La Colonia Castells es uno de los pocos testimonios arquitectónicos de la Barcelona industrial de principios del siglo XX que quedan en pie. Irónicamente, el espacio que había servido para someter mejor al trabajador fabril a unas condiciones infrahumanas, es hoy en día uno de los espacios de la ciudad con una calidad de vida más envidiable: casas bajas con jardín y callejuelas sin tráfico en las que los niños pueden jugar y, la gente mayor, tomar el sol. Se trata de un pequeño ejemplo de ciudad horizontal frente a un creciente modelo urbanístico vertical: un pequeño pueblo en medio de la metrópolis, un oasis de paz.

Después de años de trámites, negociaciones, resoluciones de todo tipo y protestas vecinales, este pequeño barrio integrado en Les Corts entra en su recta final: la Colonia debe ser derribada.

Está a punto de empezar el éxodo, como dicen algunos vecinos. Algunos serán realojados en un edificio de seis plantas. Otros, por no llevar suficiente tiempo en la Colonia, recibirán una simple indemnización, sin ningún lugar a dónde ir. Aún así, la mayoría se quedará en la Colonia hasta el final: seguirán llevando la misma vida que han llevado siempre hasta que lleguen las máquinas. No es solo una lucha, sino también pura inercia. Y es que muchos de ellos no conocen ninguna otra forma de vida: han nacido y han vivido siempre en la Colonia.

no-res.cc
 
fac    |  Colaboraciones: hand[a]lefthandrotation.com