San Miguel se encuentra en el noroeste de la Región Metropolitana de Buenos Aires, aproximadamente a 30 Km. de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en lo que se conoce como Segunda Corona del Conurbano.
Su superficie es de 83,2 Km² y su población de 276.190 habitantes; contando con una densidad de población de 3.319,6 hab/Km². Limita al noroeste con José C. Paz, al noreste con Malvinas Argentinas, al este con Tigre, al sudeste con San Martín y Tres de Febrero, al sudoeste con Hurlingham e Ituzaingó y al oeste con Moreno.
Cuenta con un total de 82.936 viviendas particulares, de las cuales 72.989 se encuentran habitadas por 274.633 personas y 9.890 se encuentran deshabitadas. Se contabilizan sólo 57 viviendas colectivas donde viven 1.577 personas.
La variación intercensal de población registra un aumento de 23.104 personas, lo que significa un porcentaje del 9,1%. (Censo Nacional 2010)

La ubicación geográfica y posición de San Miguel, en cuanto a vías de comunicación y medios de transporte; así como sus características históricas como cabecera del anterior Partido de Gral. Sarmiento, le confieren un rol estratégico dentro de la Región en términos de accesibilidad, áreas comerciales, equipamiento urbano, servicios e infraestructuras. En este sentido, es importante notar que es atravesado por dos líneas ferroviarias con 9 estaciones entre ambas, una gran cantidad de líneas de transporte público automotor (colectivos) y se encuentra cercano a rutas y autopistas urbanas de importancia regional y nacional.

El Municipio cuenta con un Código de Zonificación Urbana que define como Microcentro (MI) un sector del mismo, coincidente con el centro comercial del distrito y extendiéndose hacia algunos barrios adyacentes. Esta definición normativa establece un corte espacial en el distrito, a la vez que confiere atributos concretos que la diferencian del resto de las áreas. De esta manera, en un sector específico se construye un arquetipo de ciudad que permitirá y reproducirá ciertas tipologías constructivas, usos del suelo, convenciones explícitas e implícitas, relaciones sociales y marcas simbólicas correspondientes a ello.

Si bien el distrito registra grandes transformaciones en todo su territorio y en un contexto regional también dinámico, es notable como en los últimos años el Microcentro ha concentrado la mayor cantidad e intensidad de cambios. Dicha zona es el centro tradicional y corresponde a un sector relativamente grande dentro del municipio (154 manzanas -área más grande que muchos de sus barrios-) donde se da la mayor concentración y cantidad de edificios residenciales, comercios, instituciones, servicios y oficinas de la administración pública.

No obstante, un marco normativo como lo es el Código de Zonificación no es suficiente para determinar un modelo de ciudad por sí solo. Es así que entran en juego un conjunto de dimensiones físicas y simbólicas que, actuando en diferente orden e intensidad, influyen, permiten y condicionan la construcción de la ciudad y la reproducción de las relaciones sociales. Cabe mencionar que la zonificación del área data del año 1979, cuando San Miguel todavía pertenecía al Municipio de General Sarmiento, que en 1994 se separó en tres nuevos Partidos: San Miguel, José C. Paz y Malvinas Argentinas.

Es así que la norma vigente queda obsoleta dada la complejidad, velocidad y dinámica cambiante propia de la ciudad. A pesar de la vigencia de más de tres décadas del Código, la mayor cantidad e intensidad de transformaciones se pueden observar en los últimos diez años, con un crecimiento exponencial en los últimos tres o cuatro años. Entonces surge la siguiente pregunta: ¿por qué dichos cambios no se han dado anteriormente?

Sería interesante identificar cuáles son los elementos y procesos que actúan en la construcción de la ciudad y que provocan, en un período particular, un tipo de reproducción diferente al de otras áreas dentro del mismo distrito y en general, diferente al de otros centros y otras ciudades de la región.

En las últimas décadas, muchos son los autores que han coincidido en advertir y debatir acerca de la incidencia de un nuevo “orden global” en las relaciones económicas, políticas, tecnológicas, productivas, culturales y sociales que se observan en la ciudad; transformando su estructura física y social. Se trata de procesos que generan efectos de diversa índole, tanto condicionados como permitidos por el contexto urbano en el cual se desarrollan. La ciudad, como escenario que conjuga y compendia todas las dimensiones del ámbito natural y social, se ve afectada de diversas maneras por estos fenómenos y es donde los mismos se gestan y se expresan. Muchas veces, en el seno de un espacio particular, surgen nuevos procesos que derivan de aquéllos, pero que poseen sus propias dinámicas y afectan de una manera más focalizada a la estructura física y social de una región, ciudad o barrio.

Entre este tipo de procesos, que se pueden identificar como novedosos y que intervienen activamente transformando la ciudad y su sociedad, se encuentra lo que ha sido denominado como gentrificación (del inglés gentrification). Ahora bien, ¿A qué se denomina gentrificación? ¿Cuándo puede decirse que un espacio urbano está experimentando este proceso? ¿Por qué ocurre? ¿Qué efectos produce? ¿Qué ciudades o espacios han sido descriptos como gentrificados? ¿Puede hablarse de gentrificación para el caso de San Miguel?

La gentrificación implica un fenómeno particularmente interesante debido a que ocurre en diferentes partes del mundo y como consecuencia de un modelo capitalista global tendiente a “homologar” lugares; pero a la vez posee características específicas de acuerdo al contexto socioespacial, económico, cultural y político donde se origine, afectando distintamente a un espacio concreto que influye también a sus espacios contiguos pero que no se desarrolla y se extiende del mismo modo que otros procesos urbanos descriptos tradicionalmente.
En este sentido, existe una diferencia sustancial entre los procesos de gentrificación, que se producen de manera focalizada y se extienden sólo hasta cierto punto de la ciudad, y los procesos de suburbanización que se vienen produciendo desde el surgimiento de las ciudades y han sido estudiados exhaustivamente a lo largo de la historia urbana. Sería oportuno, entonces, examinar por qué se produce en un lugar determinado de la ciudad y qué especificidades de ese espacio favorecen a la gentrificación.

Las definiciones más conocidas de gentrificación hablan de la renovación de los centros tradicionales de las ciudades antes deterioradas que se comienzan a habitar por clases medias-altas y altas modificando las estructuras, los usos y la cultura local, a la vez que se desplazan a los habitantes tradicionales del área. Se producen generalmente cuando el potencial de renta urbana, previa recualificación, renovación o reconstrucción, se percibe como mucho mayor que el precio comercial actual del suelo.

Las inversiones que permiten estas modificaciones pueden ser públicas y/o privadas y estar intencionadas y orientadas o bien responder a un contexto socioeconómico particular.

Inevitablemente, esto produce alteraciones en el espacio urbano que pueden considerarse buenas o malas, dependiendo de qué perspectiva se lo vea. Los cambios más observados en estas áreas se refieren a aumento de los precios del suelo, cambio de usos, desplazamiento de sectores sociales, reactivación del mercado del suelo y de la construcción, aumento de la especulación inmobiliaria, densificación edilicia y poblacional, recuperación del valor simbólico del centro, aumento de los ingresos públicos por tributos, habilitaciones y permisos de construcción, congestionamiento del tránsito vehicular, crecimiento del sector comercial y de servicios, etc.

Lo interesante de la aplicación de este concepto es que define un proceso (o mejor dicho varios) de gran dinámica y en pleno desarrollo, por lo que él mismo también se encuentra susceptible de ser modificado o interpretado de diferentes formas de acuerdo al momento, el caso y el sesgo desde el cual se lo aborde, dado a que la interpretación de sus causas y efectos siguen siendo tema de gran controversia.

Muchos de los efectos de la gentrificación son observados como problemáticas para la mayoría de los habitantes originarios del lugar. Entre los conflictos podemos destacar la congestión vehicular, la suciedad en las calles, la contaminación visual, el colapso de las redes de infraestructuras, el aumento excesivo de precios del suelo y especulación inmobiliaria, acumulación económica de ciertos grupos, la instalación de usos y tipologías constructivas incompatibles entre sí, la desigualdad entre zonas del mismo distrito, la expulsión de ciertos sectores sociales, la demolición de edificios históricos y la pérdida de espacios tradicionales.

Por otro lado, entre las consecuencias favorables, podemos encontrar la capacidad de recaudación del gobierno local, la generación de puestos de trabajo, la instalación de mayores instituciones y servicios públicos, el atractivo para inversiones públicas y privadas, la densificación aprovechando el área más dotada de infraestructura, entre otros.

Si bien este sector de Buenos Aires ha sido poblado originariamente por europeos que venían trabajar de granjeros y tamberos, en su evolución la población de San Miguel se fue transformando esencialmente hacia la actividad comercial. Dicha población nunca se caracterizó por ser de clase obrera industrial o pertenecer a sectores populares, sino que lo que predominaban eran los sectores medios y medios altos correspondientes a profesionales, comerciantes y empresarios, o bien empleados de comercio. Los barrios céntricos, por ende, se componían en su gran mayoría de viviendas unifamiliares, muchas veces grandes residencias de más de un lote.

En la actualidad se observa como el centro de San Miguel se está desarrollando, densificando y reestructurando notablemente en su trama urbana y social, con una preeminencia en la construcción de edificios en altura (multifamiliares y oficinas), cambios de uso real del suelo (residencial a comercial), creciente instalación de marcas internacionales, instituciones y servicios. En su gran mayoría, los nuevos pobladores de la zona son inquilinos debido a los altos precios para la compra de los inmuebles. Quienes sí lo hacen son los inversores, pero los habitantes del centro ahora suelen ser jóvenes profesionales, solteros o en pareja, generalmente sin hijos, que buscan sobre todo habitar una zona con buena accesibilidad desde y hacia la Capital Federal (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) y otros distritos cercanos, además de contar con un área dotada con infraestructura urbana, medios de transportes, servicios, amplio centro comercial, instituciones públicas y privadas y también crecientes fuentes de trabajo en el sector terciario.

Por otro lado, quienes generalmente adquieren de los nuevos inmuebles (torres de edificios o grandes locales comerciales) son los propietarios originarios de los lotes o bien nuevos inversores que logran mayores ganancias por la revalorización del área, comprando propiedades para su “reciclado” y realizando nuevos emprendimientos inmobiliarios, especulando con los inmuebles adquiridos o bien rentando las ubicaciones céntricas a altos precios.

En general, los grandes proyectos inmobiliarios corresponden a nuevos capitales de gran poder económico tanto nacionales como internacionales que invierten en emprendimientos urbanos de gran envergadura.

En estos procesos cobran relevancia las empresas inmobiliarias y constructoras, que han crecido notablemente en cuanto a número y a magnitud. Las inmobiliarias de mayor poder económico, generalmente asociadas también a empresas constructoras, son quienes realizan la gran parte de los nuevos emprendimientos constructivos de la zona. Los sectores comerciales y de servicios, sobre todo emprendimientos gastronómicos y de moda, son los que más se observan. Además, se verifica la instalación de empresas multinacionales en las áreas céntricas, desplazando a los pequeños y medianos comercios tradicionales hacia otras locaciones de la ciudad.

Este proceso de renovación y reestructuración socio espacial representa una problemática en ciertos aspectos, pero a la vez una oportunidad para nuevas inversiones y el desarrollo socio urbano. En este sentido, se transforma en un gran desafío para el Estado Municipal, que deberá buscar la forma de poder captar las plusvalías generadas por dichos procesos, planificando, gestionando y administrando una ciudad en constante crecimiento y con demandas crecientes provenientes de la gran cantidad y diversidad de actores involucrados.

 
   |  hand[a]lefthandrotation.com