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"Aprender a vivir con nosotros" (2016) es un cortometraje documental dirigido por Victoria Rodriguez.

La gentrificación es un concepto que hace referencia a un proceso de transformación urbana donde los pobladores originales de un barrio llevado a la precariedad, pero en una ubicación estratégica, es desplazada u obligada a la movilización progresivamente por nuevos vecinos con mayor nivel adquisitivo. Este proceso evidentemente no es aleatorio, responde a los actores inmobiliarios privados y los poderes públicos que juegan un papel determinante en tanto que las políticas públicas mayormente fomentan o sustentan la exclusión de las clases populares hacia las periferias.


Esta es la situación del corregimiento de San Felipe en la Ciudad de Panamá, reconocido por el ahora suntuoso Casco Antiguo y por ser una de las partes más turísticas de la ciudad. Muchas de las personas que viven en la ciudad recordarán como el lugar donde hoy se ubican galerías, bares y hoteles para el consumo de turistas y locales de alto nivel adquisitivo, hace algunos años era una zona roja (lugar considerado peligroso).

El problema no está en el “desarrollo” o en la “regeneración urbana” en sí misma, puesto que lo ideal sería que toda persona tuviese una vivienda digna y accesible económicamente, además con un entorno agradable, el problema es la segregación que este proceso involucra. Parte del proceso gentrificador es la expulsión de los moradores de siempre, eso pronostica los sucesos en el barrio de San Felipe
Nos afiliamos a la postura que sostienen investigadoras y activistas que el proceso de gentrificación no empieza desde que el barrio comienza a transformarse por el movimiento comercial y la llegada de nuevos residentes con mayor poder adquisitivo, sino desde que sufre el abandono de su infraestructura, se le cerca con insuficiencia sanitaria, de educación y social, se degrada al barrio y el nivel de vida de su gente, siendo además de todo víctimas de la estigmatización.


Imagen de las protestas en enero de 2016. Foto: Asociación de Moradoras y Moradores de San Felipe.

Contextualizando un tanto la situación San Felipe, es bueno brindar algunos datos de su historia, como corregimiento se fundó en 1915, es el lugar donde se reubica la ciudad luego de ser atacada y saqueada, es la nueva ciudad de Panamá, en 1673.

Ciudad de dos caras, por un lado, el intramuros impecable, incluso un orden geométrico –octagonal- “reflejo de una noción política del poder, que entendía que la forma urbana debía ser expresión de los valores que representaba o pretendía representar el Estado español… era en sí misma expresión ideológica del Estado, una manifestación física politizada y cargada de contenidos simbólicos” (Castillero Calvo, 1999); por otro lado, el extramuros, el arrabal, una población de ranchos paupérrimos con un espacio diferente, precarizado. La ciudad de ese entonces estaba dividida por un puente elevadizo que era abierto cada amanecer y cerrado por la noches, “los de afuera”, los del otro lado eran los esclavos y esclavas domésticas, la mayoría gente mestiza, negra, mulata, gente pobre que cruzaba una frontera a diario para sostener la buena vida de los menos, “los de adentro”. Una ciudad de dos caras la impecable ciudad blanca de quienes oprimían con los favores del Estado y el arrabal negro y mestizo marginalizado, esclavizado y diariamente migrante, también por los favores del mismo Estado, esto con la justificación de que en esa nueva ciudad solo podía acoger 300 familias, no por casualidad la misma cantidad de familias blancas.

Podríamos decir –porque lo podemos ver- que la realidad del barrio de San Felipe hoy expresa un nuevo intramuros-extramuros, hay una suerte de fisura espacial que divide a quienes han vivido siempre en San Felipe y sus nuevos vecinos.

En 1997 la UNESCO incluyó al barrio de San Felipe en el listado de sitios Patrimonio de la Humanidad, sus dos avenidas, dieciséis calles y su gente, esto mientras las áreas centrales estaban en deterioro, casi una invitación para volver la mirada sobre el Casco Viejo y darle la importancia histórica y cultural, lo que sucedió fue el comienzo de un proceso del que estamos siendo testigos, la gentrificación.
El fenómeno gentrificador parece ser parte de un proceso global, es algo que de algunas décadas acá vemos suceder en diferentes partes del mundo, respondiendo a contextos diferentes y particulares. La discusión en torno a la misma se ve muchas veces limitada, en el caso de Panamá, por cierta disgregación del tejido social, desconocimiento, por la falta de familiaridad con el concepto y la escasa aparición de investigaciones o discusiones sobre el tema y por la invisibilización del mismo en los medios tradicionales.

Entendemos este proceso –gentrificación- como una de las situaciones más relevantes que afectan la estructura social y del espacio urbano, teniendo en su base el desplazamiento de sus habitantes y así manteniendo un hilo de segregación (antes y después del proceso) que responde a la lógica de una sociedad capitalista. En la mayoría de los casos, como lo es el de San Felipe, este proceso sucede áreas urbanas, este fenómeno espacial tiene una cierta secuencia, primeramente el empobrecimiento del sector en los aspectos más fundamentales; luego la expulsión de las y los moradores simultáneamente de la rehabilitación de la zona, lo que genera el encarecimiento del lugar y los servicios –que comienzan a aparecer mejorados- y por último la expulsión, es decir quienes no se han ido deben irse porque se hace insostenible o por las diferentes presiones de las que son víctimas.

Es así que está sucediendo en nuestro caso, San Felipe, lugar precarizado, en abandono estatal, donde se ubicaban casas de interés social, el gobierno declaró hace décadas varios de los caserones como condenados, es decir potencialmente peligrosos para viviendas, pero a falta de políticas públicas que mejoraran la situación, las familias siguieron viviendo allí pagando cada vez menos y en peores condiciones hasta hoy, sin desistir del reclamo de viviendas dignas.

San Felipe, siempre circunscrito a su valor histórico fue vuelta a ver por capitalistas con la posibilidad de restaurar y comprar los lugares de valor histórico, no siempre siendo capaces de respetar las pautas para que el sitio siga siendo considerado Patrimonio de la Humanidad, simultáneamente llegaron a reinvertir en el barrio, hubo familias que se marcharon -las menos- por las condiciones inhabitables de los que por años fueron sus hogares y cuando no, igualmente fueron, y siguen siendo azuzados y perseguidos para que se desalojen. Incluso siendo víctimas de una corregiduría cómplice y corrupta.

Para 1990 en San Felipe habitaban alrededor de doce mil novecientos (12 900) de sus pobladores originales hoy en día no llegan a dos mil (2 000).



Imagen: Asociación de Moradoras y Moradores de San Felipe

Entre el hostigamiento que han sufrido está la provocación de incendios, la desconexión de la energía eléctrica y las amenazas. De ni una manera son desalojados a las buenas ya que como las familias son inquilinas y no poseen legalmente tenencia de la propiedad se van sin un centavo y cuándo más con un pago de quinientos balboas.

Esta es la situación, mientras en terrenos del Estado se han construido hoteles y se han restaurado edificaciones con fines comerciales, desde mediados del año 2015, veintiocho (28) familias ocupan la escuela Nicolás Pacheco, estás familias vivían en las casas 1-26 y 1-28. La Asociación de Moradores/as de San Felipe sigue sin renunciar a su justo reclamo de la construcción de vivienda de interés social en los terrenos del corregimiento de San Felipe que se suponen tienen ese propósito, viviendas dignas que puedan ser pagadas por ellas, medida que revitalizaría lo que conocemos como el Casco Viejo, ya que gran parte de su valor es su gente.

El mayor obstáculo al que se enfrenta la Asociación de Moradoras/es de San Felipe es la politización de los trámites, el menosprecio de las autoridades, la especulación inmobiliaria y comercial y con el mismo peso la corrupción, las falsas promesas de solución y el silencio e invisibilización de los medios, pese a esto siguen demandando la mejora de su calidad de vida, algo que están dispuestas a exigir y también a pagar, no se mendiga nada, no se pide nada gratuito, pero los intereses de corte económico que manejan está situación sigue siendo el mayor inconveniente, manifestándose de las formas anteriormente mencionadas.

asociación de moradores y moradoras de san felipe
 
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